miércoles, 7 de diciembre de 2011

Ed


Sé que soy un ser fallado
un pequeño caído
de poca estirpe e importancia
corta será mi vida y estancia
si la fortuna me sonríe
por mis muchas fallas

Pero aprecio a mi amigo
por sobre todas las cosas
ha estado conmigo
en las sendas espinosas

Ha sabido mi alma iluminar
en instantes oscuros
ha echado andar
conmigo en pensamientos impuros
y con paciencia
me devolvió la razón
y el aprecio por la ciencia

Andando por una callejuela
tan oscura como elegante
donde lo antiguo es aún centinela
de un vestigio de lo galante
en cada fachada,
fueron nuestras mejores épocas
pequeña bandada
de aves sin nido

Y esta noche yo digo
que la soledad sería completa
si no tuviera mi amigo.


L.


Ad multos annos!

martes, 6 de diciembre de 2011

Enfermo


No hay lágrimas más puras
que aquellas reclamantes de amor,
nuestras almas desiertas llanuras
donde solo crece el dolor,
y el beso es la lluvia
el sol las palabras amables,
los abrazos la vía
de caricias nobles
y sentidas;

¿Qué no ves acaso
resistiendo y luchando tanto,
te espera un trozo de cielo al caer el ocaso
cuando de la calle entras a refugio santo?

De todas las riquezas que existen
los besos apasionados son de las más raras,
de todos los conocimientos que viven
ninguno más valioso que las queridas caras
de los seres amados

¿Qué lucha vale algo sin el amor?
esfuerzo y dolor
¿por las vanas glorias del hombre efímero?
¡hasta las estrellas serán engullidas por la Eterna Oscuridad!
tu amada no es última sino primero
no por su gracia, no por su beldad,
por su amor intenso y devoción
reclamando cuidar las esquinas
de tu corazón
acorazado y con espinas
por soportar tu sacrificio

Déjate caer rendido
al llegar a tu Morada,
relaja en tí tu corazón partido,
y que tu mano suelte su espada,

Entrégate a tu amada
que sabrá reparar las piezas
de tu oscura panoplia
este mundo de Embolia
enloquecerá tras tus puertas
más ajeno será a tu Casa
palabras más ciertas

Rojo todo rojo es el color de tus consuelos
bajando por tu pecho entre besos están sus pelos,
desconocido amigo, hermano,
¡no seas débil y por eso insano!
disfruta tus tesoros ignotos
de los cuales tantos carecen,
no dejes corazones rotos
ni hijos que sin ti no crecen,

Toma en tus manos el cielo
más no olvides, te ama con celo,
ve con los pies firmes en el suelo,
más recuerda quien es Consuelo,
único e inquenbrantable

Quien desea un instante
para entregarte amor,
y cuántos se deseperezan por las mañanas
en las soledades profundas,
sabiendose a solas, con su propia conciencia,
que nadie les ama
ni les espera con paciencia

¡Qué terrible ha de ser!
el destino de esos desdichados
esto es lo que has de ver
para apreciar tu afortunado


Destino.


Nada de lo que tengas
Nada de lo que logres
Nada de lo que alcances
Nada que acumules
Será para siempre.

Todo tiene un único destino final.
No lo olvides,
lleva ese pensamiento en tu corazón.
Y lo malo caerá tras de tí
como las gotas
de una mala lluvia.



L.

Amor est vitae essentia


Aegri somnia nihil est...

Señor de los Mundos


Alabado seas Señor de los Mundos,
El de la Penetrante Mirada,
Aquel que no son tres, ni dos,
sino Uno, Ojo de la Alborada,

Alabado seas, Señor de los Largos Brazos,
Cuya Mano todo lo alcanza,
del cual no somos sino retazos,
indignos de Tu Estancia

Alabado seas, Vencedor Eterno,
señor de la Muerte y las profundidades
del Espíritu Eterno conquistador,
dador y destructor,
de horrores y beldades

Alabado seas, Señor de la Vida,
permíteme ágil partida
y dame tu Bendición,
y la nota final
de mi canción:

Yo Soy
Lo que Soy
He aquí mi principio
He aquí mi Final
Por Siempre y Para siempre

Perdóname, Señor de los Mundos,
en mi arrogancia quise ser un hombre,
ruego ahora ser acaso
una montaña
un viento
o una estrella
o acaso una bacteria
apagándose en un suspiro.



L.





"El Mensaje Sagrado dice.... Tan arrogante fue el Hombre, que cuando el Creador preguntó quiénes querrían probar que serían buenos, los animales se escondieron y las montañas temblaron de miedo. Más el hombre, arrogante y falto de sabiduría como es, se arrogó encima suyo la más dura de las pruebas. Cambiando una existencia de paz, por la conciencia de sí mismo y las potestades divinas creadoras.

A un alto precio."



lunes, 5 de diciembre de 2011

Traidor



Hoy vi un poeta tan perdido,
como yo, solitario bailando
en medio de una pista, sin sentido
ni razón de ser, desgraciando
lo que él es

En sus ojos creía alguien prestaría
su atención, sin saber que solo yo vería
que allí había un poeta.

Sólo un poeta sabe reconocer a otro
solo un lobo solitario sabe encontrar a otro solitario

Pero no me le acerqué aún necesitando
amigos como yo, en el exilio,
preferí abandonarle y dejarlo andando;
me hubiera clavado la daga sin venir en mi auxilio

Como lo hacen todos

Abandono al poeta y al vagabundo,
abandono al honesto y al inmundo,
abandono todo y todos
pues todos portan la misma Mancha
que los hace humanos
y los hace traidores.



L.






No olvideís como traicionasteís a Aquel en lo Alto, en su propio Jardín.

La Vida es un Sueño



Él vio la oscuridad reinante, el silencio que se cernía amenazante, las luces de la ciudad, demasiado pacíficas para calles tan desiertas y tomó una bocanada de aire helado de invierno, mientras sentía los dedos entumecidos de sus pies. Era una noche perfecta.

Su mirada se perdía, como si observara el ambiente y el cielo a la vez, aunque en verdad su mente estaba por fuera de sus sentidos, presente sólo en la más mínima expresión para conservar el vínculo con la realidad.

“Si Dios fuera clemente y misericordioso…” el pensamiento quedó incompleto en su mente, mientras por ningún motivo en particular se detuvo a mitad de cuadra, en una calle pobremente iluminada, de un barrio tan caro y exclusivo, pero cuya pequeña vena se había quedado en el tiempo y la obsolencia.

Miró el suelo esta vez, con la misma fijeza característica del andar reflexivo, y completó la frase “Todas las situaciones adversas o no, que me llevaron a ser lo que soy, no me tendrían acá. Todo cuanto me hizo lo que soy, en parte lo elegí, o eso creo aunque sé que no es cierto, ya que tantas cosas han condicionado mis decisiones; un número inabarcable de hechos, eventos, personas, y por sobre todo, ideas”.

Una figura se acercaba, él, detenido, aún mirando el suelo. Miró su palma mientras esta se acercaba a su pecho en dirección a su otro brazo, la mano contraria se deslizó con extrema suavidad por la muñeca chocando con la parte fría del mango, y luego los dedos, pulgar, índice y corazón se posaron risueños sobre la suavísima textura aterciopelada.

La figura continuó sin titubear, llevaba una proporción de colores donde el negro tenía una avasallante mayoría, pero por sobre todo, el escudo dorado en el gorro, daba la inequívoca sensación de la profesión de quien se acercaba con paso firme a la oscuridad más silenciosa.

Ni un auto se escuchaba, en la esquina, dormitaba a medias un cansino kiosquero bajo una luz color morgue, poco apresta a sostener una vigilia.

El suboficial se detuvo. La mirada subió desde el cinturón, saltó de botón en botón hasta llegar a un mentón canoso, unos labios oscuros de fumador, una nariz picada y cuando sus ojos se encontraron, ah, profunda inmensidad, como el océano abierto, brillando en la noche despejada, frente a quien lo mira, asediado por un viento helado llegando a los huesos.

Una línea plateada cruzó el aire, su mano parecía que hubiese presentado a alguien a su derecha, más el brillo duró un instante. De nuevo regresó la mano, con presteza, diligencia y como si de algodón se tratase, la fría plata descansó sobre su muñeca una vez más. Continuó su camino.

La figura cayó de rodillas, intentaba decir algo; luego cayó de frente, goteando. “No solamente los rostros tienen el mapa de la vida de las personas”, pensó, taciturno, con la mirada ausente nuevamente sin ningún punto de fuga, También quieren decir algo, sus piernas, su ropa, su postura…la historia pasada, presente y futura de las almas está escrita en los cuerpos” ; y entonces prosiguió, tras una breve pausa, sus pensamientos tomando forma de un sonido grave y terso, como un maestro hablando íntimamente con un alumno, compenetrados en la antigua búsqueda de la sabiduría; “En esos ojos había tristeza, en esos labios había un rictus, una rigidez, en esa piel había el cansancio acumulado del no poder ser.”

“Al instante hubo una sorpresa, pero fue una marca momentánea, lo verdaderamente auténtico, fue la sonrisa. La tensión de la sorpresa fue como una leve y única corriente sobre un pequeño lago. Y la sonrisa fue como una piedra lanzada sobre el mismo, fue el alivio eterno e inconmensurable, fue la libertad tomando forma y dando la última marca, la marca imperecedera de la muerte.”

“Y así fue el fin de su marcha, en todo sentido que quepa nombrar.”

Y sonrió, como pocas veces lo hizo.

El camino seguía, pasando por los portones de hierro, pintados de azul, de una gloriosa casa de antaño, devenida en escuela y empresa a la vez. El viento, suave, era cabalgado por un frío que podía sentirse en los globos oculares.

La vida es un sueño, una ilusión cuyo velo se aparta frente al conocimiento, aquel aire sin consecuencia que todo lo puede saber, más nada puede cambiar. Y toda consecuencia que el conocimiento crea, se le llama historia, más la única verdadera historia que vale contar es la que permanezca por toda la eternidad; Más, ¿Qué existe que perdure por toda la eternidad con certeza para el hombre que se aferra al conocimiento como su única salvación y vida?”

Se detuvo en una esquina, mientras su voz continuaba, baja y constante, dialogando con el aire invernal.

“El conocimiento es tan sólo una certeza sobre lo que es en realidad pasajero, aunque para vidas tan ínfimamente cortas como éstas sean varias eternidades, y por ende, conocimientos válidos y útiles…Pero más adelante otros continúan la obra, y entonces, casi nadie se da cuenta, excepto la más pequeña de las minorías, que mientras las generaciones pasan han sido atrapados por las obras del pasado y las necesidades que éstas engendraron. Y así entonces, lo único que vale es aquel primer movimiento que empujó estas fuerzas en marcha

“Y entonces…” Extendiendo su brazo mientras aquellos vehículos tan comunes, de negro y amarillo, se desplazaba a velocidad fúnebre a media cuadra, continuó diciendo “…esos pocos seres humanos toman consciencia de su prisión, de fuerzas históricas que los arrollan y los transforman en esclavos, de repente, ya no pueden ser ellos mismos, ya no pueden ser seres individuales, sino ser parte de algo…”

El automóvil se detuvo, sintió el helado contacto de la manija de la puerta, y luego el alivio del confort, al apoyarse en un asiento pensado para descansar los músculos del cuerpo humano.

“…” la expresión muda del taxista mostraba el signo de interrogación en la expresión de un rostro sin voluntad de habla, que observaba tras un espejo retrovisor.

“Maneje” fue la respuesta. Y entonces continuó hablando.

“…Y en todo lo que ellos son, ven lo que ellos saben, lo cual es una tautología entre el ser y el saber…Y el saber es la bola de nieve que es de todos y nadie a la vez, uno puede ayudar a empujarla para que aumente su tamaño y su fuerza de trayectoria a través de la historia y las almas, puede no hacer nada, pero resistirse jamás, pues todo lo que es está en esa pelota, y pensar por fuera de ella sólo es motivo de angustia”.

Luces blancas y azules se alternaban en el interior de cuerina del vehículo, provenientes de aquella fatídica cuadra, al pasar silencioso y taciturno el conductor por la zona.

“Oiga” dijo el taxista, “Si a mí me habla no le entiendo un pepino, no sé si está loco o qué, pero dígame adonde va y más vale que tenga con qué garpar, no me estoy cagando de frío por amor al prójimo precisamente”. Y cruzó la avenida, doblando hacia la derecha y acelerando hacia una zona más provechosa e iluminada.

“Y quienes llevan el pensamiento a la acción, son perseguidos y asesinados en tanto y en cuanto, como todas las cosas de la existencia, no pueden separar su ser, de su pensamiento, y por ende, comienzan a cambiar partes de su ser; al no tener un ser verdaderamente individual, al cambiar su ser, lamentablemente cambian a otros, y esos otros pueden afectar a terceros, por ende, la respuesta no tarda en hacerse llegar. Ninguna fuerza en movimiento está dispuesta detenerse y peor si se le ofrece resistencia alguna o se intenta cambiar su curso.

Y en particular, el principal problema son aquellos cuya vida está ensamblada alrededor de dicho movimiento, a tal punto que no perciben su avanzada, sino que lo experimentan como el estado homeostático de la existencia, por ende, cualquier acción por fuera de los canales permitidos hacia el avance de esta fuerza ancestral, oscura y milenaria, cuyo origen se desconoce y no se quiere conocer ni dudar, es reprimida sin demoras y de la forma más silenciosa posible. Se la intenta matar con el olvido y la prescindencia, después de despojarle de todo aquello de valor de lo que pueda ser despojado.

Y entonces así, lo único que le queda a aquellos que ansían la libertad, es darle la libertad a quienes no quieren abrir sus ojos, y detener esta locura de una vez por todas (…)”.

Una voz furiosa interrumpió el “diálogo”. “Te bajás, pelotudo” tronó el taxista, frenando de golpe y a destiempo. “Y son treinta pesos” agregó, ladeando su rostro apenas un instante, para que su voz y su autoridad se proyectasen con la firmeza de su reclamo.

“La felicidad – le retrucó – “es algo más que las delicias de la prisión vuelta un horizonte para una vista mental de tanta ceguera voluntaria” Y con tres billetes de diez en la mano derecha, a la derecha de la cabeza del conductor, emergió su mano, mientras la izquierda emergía, veloz como una víbora por el izquierdo.

Rápidamente tomó los billetes con su mano derecha, sus cachetes fofos girando con todo su esfuerzo para permitirle ver aquello que agarraba a sus ojos. Al momento de tomarlos, mirándolo con un solo ojo, se limitó a gruñir: “Bajate”

“Elévate” le dijo la voz, y la mano derecha tomó su mentón, mientras la izquierda lo sostenía del cuello hacia la sien, todo en un instante veloz como una víbora, donde el brazo izquierdo avanzó lejos del cuerpo que le propelía, y el derecho, hacia el cuerpo que le daba vida. La nuca se quebró en un instante, con una serie de sonidos armónicos, que retumbaron en las baldosas aledañas.

Cerró la puerta tras de sí, sintiendo nuevamente el frío entumecedor en los dedos, subiendo por el pavimento, atravesando su calzado con una facilidad pasmosa.

“Y sé libre. Elévate y sé libre”

“Tu felicidad sólo puede ser en la medida de tu libertad”


L.


¿Por qué tan serio? Pongamos una sonrisa en ese rostro.